Rompiéndole el culo a Mili (8)

 Capítulo 8

Agitado amanecer…

Llegamos al segundo piso y Mili aun sentía melosas y adoloridas sus intimidades, así que decidió volver a la ducha para limpiarse y refrescarse.

- Te acompaño… me ofrecí diligentemente.

- No, no, gracias… primero voy yo, después vas tú… me dijo desconfiada, poniéndome un alto con su mano en mi pecho.

La vi en su tortuoso camino a la ducha, parecía un poco escaldada luego de todas las penetraciones anales que le hice esa noche.

- Solo tráeme una toalla limpia, pero la dejas en el colgador… me pidió.

Sonreí al escucharla… la entendía, Mili ya no quería correr riesgos. Teníamos que dejarnos de esos jueguitos sexuales, al menos por el momento, debíamos completar nuestro informe. Tampoco quería que Mili terminara hastiada del sexo anal y de la persona que se lo practicaba.

Fui al cuarto de lavado, saqué nuestra ropa de la secadora, tomé la suya, una toalla y me dirigí al baño. Al escucharme cerró la llave del agua y deslizó la puerta de la ducha. Esta vez no me dejó ver todo su provocativo cuerpo, solo saco la cabeza y me estiró el brazo pidiéndome la toalla. Pensar que la misma chica que me tentó hace unas horas lucía ahora muy precavida, temerosa de otro encuentro sexual.

Esperé a que terminara de secarse dentro de la ducha, para luego ingresar a bañarme, como habíamos acordado. Al fin salió, nuevamente con la toalla sobre sus senos, cubriéndola hasta debajo del pubis. Me ofrecí cortésmente a ayudarle a secarse.

- No gracias… aléjate… me dijo con una expresión graciosa.

- Está bien… dije sonriendo y deje mi toalla.

- Haz que se quede así… me dijo señalando mi pene que lucía tímidamente encogido.

- Lo intentaré, pero no lo provoques… respondí e ingresé a la ducha.

Cuando salí de la ducha Mili se peinaba frente al espejo del lavamanos, aún llevaba la toalla puesta a pesar de que su ropa seca y limpia estaba sobre la tapa del excusado.

- Todavía está caliente… me explicó en alusión a la ropa.

- ¿Qué todavía estás caliente?... bueno haré un esfuerzo para bajarte la calentura… dije en broma quitándome la toalla de la cintura.

- No, tonto, mi ropa aun esta caliente… no te me acerques… respondió riendo nerviosamente al ver que me aproximaba a ella.

- Está bien… voy a prender la computadora… le dije saliendo del baño.

Llegué a mi cuarto y mientras la computadora encendía, yo me vestía con una playera polo y un short.

Al poco rato, ya enfrascado en el informe, no noté que Mili, ya vestida, había ingresado a mi habitación. Cuando me percaté de su presencia pude ver que había algo de nostalgia en su mirada. Se dio cuenta que la observaba…

- Vaya… pareciera que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vine… dijo y no pudo evitar mirar la cama donde hacía dos semanas le había desflorado el ano.

- Si, parece que sí… pero ya… vamos a trabajar… le dije.

Era casi medianoche y desde que salimos de la sala de cómputo de la facultad no habíamos avanzado nada. Mili lo entendió y se vino a sentar a mi lado… solo que no soportó mucho sentada, tuvo que ponerse de lado, apoyada en una nalga, parecía que su arrugado anillo le fastidiaba.

- No te rías que aún me arde… dijo fingiendo seriedad.

Trabajamos una hora y parecía que el sueño nos quería envolver, después de todo el ajetreo físico era de esperarse.

Por momentos cuando Mili me preguntaba algo o me hacía alguna sugerencia, yo volteaba a mirarla, para prestarle atención, solo que mis ojos se desviaban a menudo y terminaban en el escote de su blusa, aquella prenda que tuvo que unir en sus bordes a la altura de su abdomen, porque yo en un ataque pasional había roto todos sus botones. Así mi vista siempre se perdía en sus apetecibles senos, cual niño lactante los contemplaba con cierta ansiedad.

- Mírame a los ojos… me pedía un poco risueña.

- SÍ, sí te escucho… respondía sin dejar de admirar sus melones.

- Danny… ¡esos no son mis ojos!… me decía levantando mi quijada y fijando mi vista en sus intensos ojos negros.

- Bueno… ¿Sabes qué? Creo que mejor preparo café… le propuse, quería despejar la vista y la mente.

- Sí, que sea café cargado, bien cargado… dijo bostezando un poco.

- Se te antoja algo de comer… ¿Pizza?… le dije bromeando.

- No… todo menos eso, ya sé como te pone la pizza… dijo enfática pero con algo de gracia.

- Solo preguntaba, haré unos sándwiches… respondí riendo.

Ir a la cocina y preparar esa merienda me despejo. Cuando regresé a mi habitación, Mili dormitaba frente a la computadora. La desperté y con el café reanimándonos pudimos terminar nuestro trabajo.

Eran casi las 3 y los dos estábamos medio sonámbulos, presos del cansancio físico por nuestros encuentros sexuales, y mental por el informe de la universidad. Decidimos irnos a la cama, al parecer solo dormiríamos, el cuerpo y las ganas no nos daban para más.

Solo que Mili no quería dormir con la misma ropa puesta. Buscamos en mi guardarropa algo que pudiera ponerse. Le llamó la atención un polo naranja con el cuello verde… sonriendo leyó la inscripción que con plumón tenía:

- Así que "Juancho"… me dijo.

- Si, bueno, fue un apodo que me pusieron en un trabajo hace un tiempo… le dije mintiendo, no quería ahondar en explicaciones.

- Parece que has tenido muchos nombres… repuso intrigada.

Soltó el polo y sus ojos se fijaron en otro polo, más pequeño, más femenino, me miró con gracia y suspicacia…

- ¡Aja!… no sabia que tenias estos gustos…

- Oye… eso es de una prima que pasó un tiempo con nosotros… le dije, quizás con aire melancólico.

- ¿Y qué hace en tu closet?... preguntó curiosa.

- No sé, tal vez cuando me mude a este cuarto mi mama por error lo colocó entre mi ropa… le expliqué, aunque ya me había percatado de ese error, conservaba esa prenda como recuerdo.

- Ah… y ¿Cómo se llama tu primita?… preguntó sin comerse el cuento.

- Su nombre es Ana… respondí sin darle mayor importancia.

- ¿Y quisiste mucho a Anita?... preguntó con picardía.

- ¿Qué?... oyeee… no seas mal pensada… que ella acaba de tener un hijo hace poco… repliqué un poco malhumorado.

- Ah sí, qué linda… y ¿Quién es el papá?... pregunto burlonamente, notando que sus preguntas me hacían sonrojar, quizás delatarme, se estaba divirtiendo a costa mía.

- Ya, ya… basta de preguntas insidiosas… ¿Te vas a poner eso sí o no?, si quieres te traigo algún camisón de mi madre… repuse irónico.

- Ay no, no lo tomes a mal, pero seguro tu mami usará ropa de dormir al estilo antiguo, cubriéndole hasta los tobillos, como la de las mujeres árabes… dijo con cierto sarcasmo.

No me ofendí porque sonaba gracioso y tenía algo de cierto.

- Solo dame un ratito, ¿Me quedará?… tal vez sea muy apretado para dormir… repuso pensativa mirando el polo de mi prima.

Se me vinieron a la mente pasajes de una historia antigua, quizás no muy lejana… por lo que recordaba aquella prenda podía encajarle a Mili, las dimensiones de mi prima eran similares a las suyas…

Bueno, quizás Mili era un poco más voluptuosa, pero este juicio era algo injusto dado que Anita era más joven, casi una niña cuando usó ese polo, sin embargo la última vez que la vi en su hacienda… sí, creo que podía decirse que las contexturas de Anita y de Mili eran parecidas… sentencié, procurando no ahondar en mi memoria y en mis sentimientos. Era un buen recuerdo pero era historia pasada... pensé con nostalgia.

Creo que aquello de enfundarse en la ropa, y tal vez, en la historia de otra chica no le llamaba mucho la atención a Mili. Su ego femenino no quería compartir o competir con esos recuerdos. Ella tenía su propia personalidad, sus propias formas, y vaya ¡Que buenas formas!

Al final Mili reparó en una camisa mía. Era un poco vieja y no la usaba mucho porque se había decolorado, aunque su tela aún se mantenía suave y fresca.

- Esta creo que me puede quedar bien… dijo aliviada, bostezando por el cansancio.

- Pues bien póntela y a dormir… dije imitando su bostezo.

- Pero… ¿Podrías hacerme un favor?... preguntó vergonzosa.

- ¿Cuál?... respondí con curiosidad.

- Podrías voltearte mientras me cambio… dijo con tímida expresión.

- Oye pero si ya… después de todo… intenté protestar buscando las palabras adecuadas, no quería sonar muy rudo o herir su susceptibilidad ante su repentino ataque de pudor.

- Hazlo por mí ¿sí?... me pidió juguetonamente.

- Está bien… está bien… respondí, era mi huésped y después de todo lo que le hice esa noche, creo que debía ceder a su pedido.

- Me volteé sonriendo… ¡Mujeres!, pensé. Al cabo de unos minutos, me dijo finalmente:

- Ya puedes voltear…

Le hice caso y… Wow… divina tentación… lucía hermosa vestida solo con esa camisa. Dejarme esa impresión fue su intención al pedirme que me volteara mientras se cambiaba.

Mi vista se paseó por sus bien formadas piernas bronceadas, que terminaban donde la camisa empezaba, apenas por debajo de sus intimidades, seguro que también desnudas. Mili con sus manos en su cintura, me daba a entender lo grande que le quedaba mi camisa así como el pequeño tamaño de su cintura. Más arriba, sus pechos desafiantes levantaban mi camisa, sus pezones indicaban su justa posición. En su rostro una sonrisa coqueta, sabía que la había comido con la vista y eso inflaba su vanidoso ego femenino.

- ¿Qué tal me queda?... preguntó luciéndose, dando una vueltita.

- De maravilla… exclamé mientras veía como su trasero levantaba la camisa, casi permitiéndome ver sus redondas nalgas.

- Bueno… creo que es hora de… dijo provocativamente.

- ¿Sí?... inquirí sintiendo que en mi adormecido cuerpo aún se podía despertar otra erección.

- Que es hora de dormir… puntualizó risueña, soltando otro bostezo.

- Si tienes razón… respondí desganado, realmente cansado.

Mientras ella se dirigía a mi cama, yo buscaba un sleeping en mi closet. Mili se acomodaba entre mis sábanas, cuando me vio desplegar el sleeping, me miro curiosa:

- Oye, no seas tonto… no vas a dormir en el piso, debe estar frió y duro… te puedes enfermar… me dijo con pena.

- Pensé que no querrías…

Aquel ataque de pudor que tuvo al vestirse para dormir, y la forma tragicómica en que había huido a mis bromas e insinuaciones mientras terminábamos el informe de la universidad, me habían hecho dudar que Mili quisiera compartir la cama.

- Nada de eso… ven aquí, que hay espacio para los dos… dijo haciéndose a un lado, como no reaccioné, ella agregó con picardía y dándole un palmazo al colchón.

- Vamos… que no te voy a morder…

- Está bien… solo espero que no ronques… o hables dormida…

- Jaja… graciosito… apúrate que quiero dormir… dijo desganada.

Sentí un poco de calor y, ante su atenta mirada, me quité el polo y el short, solo me quedé en bóxer. Noté su expresión desconfiada.

- ¿Algún problema con que duerma así?... pregunté.

- No… con tal que no dejes que nada se te escape… me dijo de buen humor mirando mí entrepierna. Al parecer estaba muerta de sueño.

- Ok… me limité a decir, luego me aproximé a la cama.

Cuando me vio acercarme, levantó las sábanas para dejarme acomodarme entre ellas. Inicialmente se recostó de lado, dándome la espalda, mientras yo me acostaba boca arriba, mirando el techo, pensando en lo sucedido.

Habíamos tenido más de un encuentro sexual en más de una posición esa noche, y por tanto no debía haber tanta tensión entre nosotros, debía haber más confianza, muestras de cariño y esas cosas propias de toda pareja. Y ese era el problema… nuestra situación no estaba definida…

¿Qué éramos?... no éramos novios, porque aun seguíamos con nuestras parejas formales… Tampoco éramos amigos cariñosos, apenas si éramos amigos y habíamos sido más cariñosos de la cuenta, después de todas las situaciones sexuales de esa noche, habíamos superado esa etapa… ¿Amantes?, creo que esta era la palabra que más se acercaba a nuestra situación… aunque dudo que a Mili le gustara como sonaba eso…

Al cabo de unos minutos, Mili se volvió hacia mi lado. Sin decir nada se acurrucó en mi pecho, abrazándome… quizás las mismas preguntas cruzaron por su mente y quería encontrar las respuestas en mi regazo, o tal vez solo tenía miedo de darme la espalda, es decir, quería cuidar su bien proporcionada pero aun adolorida retaguardia…

- ¿Te molesta que me quede así?… preguntó tímidamente, notando la tensión que la cercanía de su cuerpo me había generado.

- No, para nada… respondí recobrando un poco la cordura.

Mientras la luz de la calle iluminaba en algo mi oscuro cuarto, acaricié sus cabellos en una muestra de cariño y para acostumbrarme a su presencia. No recuerdo más de esa semioscuridad, estaba agotado… Me quedé dormido…

Me desperté por un pequeño ruido, el cantar de un ave cerca de mi ventana, aún no estaba del todo claro afuera. El sol saldría por entre las montañas en unos minutos y esta ave anunciaba su llegada.

Tras unos segundos me percaté que nuestra ubicación había cambiado: Mili ya no estaba recostada sobre mi pecho. Nuevamente me daba la espalda, solo que esta vez mi cuerpo estaba también de costado, detrás suyo.

Mi brazo rodeaba su cintura y la mano de Mili, sujetando la mía, parecía querer mantenerla allí, era un gesto tierno. Más abajo, mi cadera tenuemente presionaba sus abultadas nalgas… no era un gesto obsceno, pero lo sería instantes después… a medida que mi cuerpo y mi sensibilidad despertaban… Sin embargo Mili y su bien dotado cuerpo seguían dormidos.

Quise alejarme, sintiendo venir una erección matutina, pero la mano de ella me lo impedía y no iba a sacarla bruscamente, no quería perturbar el tranquilo sueño de Mili… lo que sí me estaba perturbando era el contacto de mi verga cada vez más dura con sus carnosas nalgas…

¡Diablos!... Intenté pensar en cosas terribles para hacer retroceder mi excitación, pero no logré mucho… ahora mi pene semi erecto empujaba la camisa que protegía la raja de su precioso culo, buscando insertarse.

Intentaba luchar contra estas sensaciones, no quería aprovecharme de Mili mientras dormía… no era correcto… sin embargo mi pene no parecía entenderlo, tenía reflejos propios que yo no podía controlar… con decirles que había logrado salir, sin ayuda, de mi bóxer a través de su abertura…

Viendo que nada parecía menguar mi deseo por la carne de Mili… probé una salomónica solución: Rozaría mi verga suavemente a lo largo de la raja de sus redondas nalgas, a fin de darme placer, procurando no despertarla y evitando violar su estrecho agujero…

Al inicio estos movimientos comenzaron a surtir efecto, en algo estaban aplacando mi morbo. Mili apenas se movió, producto de mi tacto o de su propio sueño… Solo que al poco rato, estas tibias fricciones lejos de acallar mi lujuria, empezaron a incrementarla de manera febril, nublando mi conciencia… no podía más… quería poseerla…

Mis movimientos eran cada vez más torpes y notorios, algunos quejidos se le escaparon entre sueños a Mili… no me quedaba de otra… si quería acabar con todo el deseo matinal que su cuerpo me había despertado… tenía que penetrarla a como diera lugar…

Aproveche que Mili dejó de sujetar mi mano contra su cintura, quizás debido al continuo escarbar de mi pene contra sus nalgas… Sigilosamente liberé mi mano, me ayudaría con ella a levantar un poco su camisa y hacerme espacio entre sus nalgas.

Así lo hice, levantar la camisa no fue tarea difícil, su voluminoso trasero alejaba la mayor parte… lo difícil era hacer diana en su pequeño agujero con delicadeza y suavidad, evitando despertarla, sino podría reaccionar mal… obnubilado por mi morbo llegue a creer que la penetraría a gusto y ella no despertaría… después de todo estaba sumamente exhausta…

Lentamente fui acomodando mi verga entre sus nalgas, algunos leves movimientos me dieron a entender que Mili estaba cerca de despertarse. No pude esperar más… ni bien encontré que su carne cedía (había ubicado su esfínter con la cabeza de mi pene) comencé a empujar… Instintivamente sus nalgas se contrajeron, mi mano dejó de guiar mi verga, que ya había encontrado su camino, y se ubicó en su cintura, para impedirle escapar…

- ¿Qué?... preguntó Mili entre sueños.

No respondí, empujé más y le inserte la cabeza de mi pene en su soñoliento cuerpo. Ella se estremeció, no sabia aun si era un sueño o una pesadilla, pronto lo sabría…

- Ayyy… auuu… se quejaba mientras le insertaba mi pene.

Estaba enloquecido por su cuerpo, sus voluptuosas formas, su estrecho agujero… lejos de retroceder, seguí empujando mi verga hasta que forzosamente le entró casi la mitad…

- Auuu… ¿Qué haces?… ayyy… preguntó nerviosa, aun adormilada.

- Nada... nada… duérmete… me atreví a decirle desvergonzadamente.

- ¿Estás loco?... ayyy… se quejó dándose cuenta de la situación.

- Sí… loco por ti… susurré a su oído y acto seguido le besé el cuello.

- Ayyy… nooo… ahhhh… se quejó tibiamente.

Su mano buscó la mía, que contenía su cintura, quiso apartarla para liberarse, pero sus reflejos eran torpes. Solo logró sujetar mi mano y trasmitirme el dolor que mi presurosa penetración le estaba causando. Ya tenía más de la mitad adentro y yo seguía forcejeando por meter lo demás.

- Ohhhh... auuuu… ayyyy… chillaba adolorida.

Su cuerpo se había levantado un poco de la cama, sus piernas pataleaban lenta y torpemente, buscaba un impulso que la alejara, sin embargo no lo lograba… en un último arranque de locura le clave con furia el resto de mi verga... ahora sí la tenía completamente atorada… empalada…

- Ayayayyyy… soltó un lastimero gritito.

- Ufff… suspire aliviado al tenerla enganchada.

Primero un espasmo de dolor la recorrió, luego se dejó caer sobre la cama, dejó de patalear, su mano ya no alejaba la mía… se estaba reponiendo de aquella violenta incursión… Mili intuía que no podría escapar…

A pesar de escuchar sus dolientes lamentos, tercamente me negué a retirarle mi verga de su adolorido ano… quizás envuelto por una locura pasional o por un presentimiento de que aquel podría ser nuestro último encuentro… habíamos terminado el último informe… y ¿después de eso qué?…

- Eres de lo peor… ni más vuelvo a trabajar contigo… me reprochó con sufrimiento, como leyendo mis pensamientos.

- Lo siento… dije volviendo un poco a mis cabales.

El primer rayo de sol se filtraba por las montañas y me traía algo de cordura, retrocedí un poco. Sin embargo la lucidez mental no me duró mucho… le enfunde nuevamente mi verga…

- Ahhhh…Ya, ya basta… ayyy… se quejó.

- Está bien… dije y le besé el cuello a manera de perdón.

Vi como ese dulce beso en el lugar adecuado la desarmaba… suspiró profundamente, y su cuerpo contraído en muestra de dolor se fue relajando…

- Ayyy… nooo… No me hagas eso…Sabes que no puedo…

- ¿No puedes?

- Ahhh… no puedo resistirlo… clamó acalorada.

- ¿No puedes resistir qué? ¿Esto?... pregunté y volví a besarle el cuello.

Nuevamente se estremeció, no de dolor, sino de placer, incipiente placer. Su pierna intentaba apartarse un poco, quizás para acomodarse mejor, para que su cuerpo saboreara mejor mi verga llenándole el ano.

- Eres un maldito… Te odio… dijo con voz pausada, develando su excitación.

No di lugar a otro reclamo o insulto, lentamente saqué mi verga, ella presionó mi mano, quizás no quería que la sacara, no duró mucho tiempo mi pene fuera debido a que violentamente lo volví a refugiar en sus intimidades.

- Ouuuu… Aahhh… exclamó mientras apretaba mi mano.

Repetí el movimiento una y otra vez… estaba dispuesto a llegar al clímax con ella o a costa de ella… Mili lo presentía y pronto se uniría a mi labor…

- Ahhhh… sííí… síííí… ohhh….

Su pierna dejó de apartarse tímidamente y procedió a levantarse, hacerse a un lado, para permitirme perforarla a fondo. Su mano ya no sujetaba la mía, sino que nerviosa desabotonaba la parte superior de la camisa, buscando liberar sus senos que no podían rebotar más allá de lo que la tela le permitía.

- Ohhh… sííí… más fuerte… síííí asíííí… uhmmmm…

Ahora no se quejaba, solo pedía, clamaba por más de ese dulce sufrimiento, no me negué a su ruego… preso de mi propia excitación incrementé el ritmo… sus nalgas bailaban con cada salvaje embestida de mi cadera contra su abultado trasero. Su mano guiaba la mía a sus senos, para que pudiera sentir como temblaban de placer por mi vigor…

- ¿Vés?... lo que me haces sentir… ahhh… ahhhh…

Dejó mi mano estrujando sus vibrantes senos y su mano buscó mis cabellos, devolviendo la salvaje acción de nuestros encuentros anteriores, me jaloneó bruscamente la cabeza, hasta que nuestros labios se encontraron… ahora ella también tenía una expresión febril…

- Ay… que placer… nunca nadie… nadie me hizo sentir así… uhmmm…

Tal vez nuestros sentidos no estaban del todo despiertos aun. Llevábamos minutos así y mi cuerpo no quería soltar su leche, el cuerpo de Mili se negaba a desfallecer… lo estábamos disfrutando demasiado… empapados de sudor… agitados…

- Ya… acaba por favor… que me matas… ayyy….

- Resiste.. un poco más…

- Sííí… sííí.. ahhhh… ahhh…

Mis manos aun en sus melones sentían sus aceleradas palpitaciones. En su cansancio sus labios buscaron los míos, entre jadeos su lengua trataba de incitar la mía, de apurar mi excitación con lujuriosos y cálidos besos… lo estaba logrando… mi verga apuraba los movimientos en su interior, mi cadera seguía castigando sin piedad sus firmes nalgas.

- Ayyy… no másss… no másss… que reviento… ahhh…

- Espera… aguanta… ya casi… ufff…

Parecía que Mili iba a reventar del placer, casi al borde de la taquicardia, le hundí con fiereza mi verga, ella la resistió y empujó sus carnosas nalgas contra mi cadera… sabía que me venía y quería sentirme abriéndola al máximo…

- Yaa… ahhh… uhmmm…

Mi mano apretó sus senos mientras llenaba su estrecha cavidad con litros de semen hirviendo… mi entrepierna temblaba con cada ráfaga de esperma que mi verga escupía. Mili se estremecía con cada ráfaga que su cuerpo recibía…

- Ayyy… ahhh... uhhhmmm… exclamó mientras explotaba en un violento orgasmo.

Parecía que no había espacio para más en su conducto anal. Apenas y podíamos respirar. Quise alejarme para buscar aire, pero me mantuvo con mi mano en sus senos. Yo había provocado ese agitado amanecer, debía permanecer junto a ella y disfrutarlo, reponerme a su lado.

- Ay… después de lo de anoche… no puedo creer que me hayas hecho acabar así… dijo Mili sorprendida, recuperando el aliento.

- Yo tampoco creí amanecer así… respondí aun agitado.

- Te dije que mantuvieras a tu pene dentro de tu bóxer… me reclamó.

- Si, y yo te dije que no lo provocaras…

- Pero si yo estaba dormida… exclamó sorprendida.

- Si, pero descuidaste tu retaguardia… le dije burlonamente.

- Eres un… eres un… me dijo con fingido enojo.

- ¿Un maldito?...

Aún con mi verga en su ano, volteó a medias… recordó aquel febril reproche… entendí que quería buscar mis labios para congraciarse…

- No… eres un insaciable… me dijo con tierna sonrisa.

- No, no lo creo… le dije

- ¿Por qué?... pregunto curiosa.

- Porque tú si logras saciarme…

- No dijo más… solo me besó…


Ref.: Por AdrianReload - TodoRelatos.

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