Rompiéndole el culo a Mili (5)

Capítulo 5

Persistiendo en el error
 
Tras esos recuerdos y los sentimientos de culpa que me aquejaron, no solo a mí, también a Mili por lo que veía. Era evidente que debíamos hablar. Nos sentamos en la sala e inicié la conversación que habíamos evitado.

- Parece que esta situación se nos está yendo de las manos… le dije, pero no podía apartar mi vista del escote de su blusa.

- Si, creo que sí… respondió.

- Más allá de los encuentros que hemos tenido y de una reciente amistad, nunca hemos tenido un acercamiento más romántico, por decirlo así, como una pareja normal… agregué, intentando no mirar sus senos, parecían imanes.

- Parece que lo nuestro se basa en "eso"… me dijo haciendo referencia al sexo y confirmando mi teoría.

- ¿Quieres a Javier?... le pregunté para rematar la idea.

- Sí, bueno, si no fuera así no sería su novia… repuso y me devolvió la pregunta: ¿Quieres a tu novia?

- Sí, la quiero, es la primera relación que realmente me dolería perder… le dije y la mire fijamente.

- ¿Estás seguro?... la forma en que me tomas… no sé, me hace dudar de lo que dices… repuso mirándome intensamente.

Hace unos minutos en el taxi estaba seguro de que era lo correcto, ahora con ella frente a mí, no estaba seguro de nada, intentaba estarlo. El cuerpo de Mili, su forma angustiada de preguntar, ese brillo en sus ojos… pero Viviana no se merece esto, me repetía ingenuamente olvidando mi condición mortal, de ser imperfecto.

- Sí, estoy seguro... contesté fríamente, luego agregué: tal vez encuentres que permitiéndole a Javier hacértelo (por el ano) … disfrutes tanto, como conmigo… sentencié, me sentí como un idiota enviándola a ese mujeriego, pero era su novio, ella lo eligió, así como yo elegí a Viviana.

- Tal vez sea cierto… quizás si tú se lo haces de la misma forma a tu enamorada encuentres eso que le falta a tu relación… dijo con cierta resignación, devolviéndome el golpe.

- Bueno, aclarado esto, creo que podremos trabajar tranquilos… le dije, mintiéndome más de la cuenta. Prefería llamarle un taxi, dudaba de mi fortaleza frente a sus atributos físicos.

- Sí, está bien, pero… ¿podrías prestarme tu baño?, creo que necesito una ducha… me dijo un poco avergonzada.

La llevé al baño del segundo piso, estaba cerca de mi cuarto y del cuarto de lavado. No quería arriesgarme a que mis padres, si regresaban temprano de su reunión, nos encontraran con esas fachas.

Bueno, era obvio que nuestros encuentros en el baño de la facultad habían dejado más de una huella en sus intimidades, así como en su ropa. Ofrecí meter su ropa y la mía a la lavadora.

Por la puerta del baño me alcanzó su ropa. Camino al cuarto de lavado imaginé que Mili estaría desnuda, con su fenomenal cuerpo siendo acariciado por el agua de la ducha.

Me quité mi ropa, me puse algo más ligero, un short y una playera, luego metí la ropa de Mili con la mía en la lavadora. En segundos pude ver como nuestras prendas se revolvían en el agua… quizás era un presagio de lo que sucedería con sus dueños.

- Danny… me alcanzas una toalla… le escuché gritar a Mili.

Vaya, tan rápido se bañó, generalmente las mujeres demoran más en estas tareas… pensaba mientras le llevaba la toalla. Quise dejar la toalla sobre la puerta, para evitarme la visión y la tentación de sus firmes curvas… pero…

- Está abierto… pasa…

Habrá intuido mi dubitación en la puerta del baño. Aún escuchaba el ruido de la ducha, así que ingresé pensando que ella aún se bañaba. Así era, a través del vidrio opaco pude ver parcialmente distorsionadas sus formas. Hasta su reflejo es digno de armarme una erección… pensaba mientras sentía mi miembro crecer.

- Te la dejo sobre el sanitario… le dije y me dispuse a huir.

En mi camino de regreso observé una toalla limpia en el colgador, me detuve un rato. Seguramente Mili no habrá visto esta toalla ¿o sí?, si es así ¿Por qué me haría traer esta otra?... Muy pronto obtendría algunas respuestas.

Escuche el sonido de la puerta de la ducha deslizándose, volteé instintivamente. Mili con su bronceado cuerpo bañado por el agua, sin cubrirse en lo absoluto, sus deliciosos melones al aire, dándome la bienvenida, su aún enjabonado y velludo pubis.

- Gracias… dijo sonriéndome coquetamente. Seguro notó la reacción que su imagen causó en mí.

- No hay por qué… dije, me di vuelta y retomé mi fuga.

- Solo una cosa más…

- ¿Sí?

- Ayúdame con mi espalda… no llego… me dijo mostrándome el jabón.

Como no reaccioné, se volteó un poco para enfatizar su pedido, su espalda no estaba enjabonada, tampoco sus firmes muslos, esa deliciosa raja…

- Vamos… que no te voy a morder... me dijo animándome.

Le devolví la sonrisa que me brindaba, el problema era que yo si podría morderla… Sentí que había vuelto la Mili coqueta, la chica provocativa que conocía, aquella menos desinhibida, la que inspiró nuestro primer encuentro. Había enterrado a la Mili dubitativa de las últimas horas que me dejaba las decisiones a mí, ahora ella quería equiparar las acciones.

Me estiró la mano ofreciéndome el jabón, lo tomé y ella se puso de espaldas. Intenté no bajar mí vista para no caer en tentación, sabía cómo lucían las nalgas de Mili… solo que…

- Un poco más abajo… me dijo juguetonamente.

¡Maldición!, Me está tentando, seguro quiere ponerme a prueba. Averiguar si aquella negativa mía a continuar con nuestra "relación" era realmente cierta, quizás su ego femenino no podía entender cómo yo podía resistirme a sus llamativos encantos. Tal vez se estaba tomando una revancha por lo que le hice en el baño de la universidad, o quizás simplemente quería usarme para vengarse de Javier por su descuido hacia ella.

Intenté no distraerme más en estos pensamientos que harían que permaneciera más tiempo cerca de ella y de su juego de seducción. Así que finalmente accedí a su pedido, deslizando el jabón por su espalda, enjabonando más de la cuenta y tratando de mantener mí vista sobre sus hombros.

Hasta que el jabón no pudo bajar más, ¿Tan grandes son sus deliciosas nalgas?... pensé, no resistí, quise comprobarlo. Vaya sí que lo son… las contemplé, redondas, carnosas y firmes… se me fue el aliento… y también el jabón... terminó en el piso de la ducha.

Mili se dio cuenta, tal vez sonrió al notar lo sucedido. Su jueguito estaba surtiendo el efecto esperado en mí.

- No te preocupes, yo lo recojo… me dijo.

Luego se inclinó completamente, dándome la espalda, en 4, sus jugosas nalgas se abrieron permitiéndome ver su pequeño ano. Estuvo en esa posición el tiempo que creyó necesario para hacerme sucumbir. Después lentamente volvió a su posición original… giró lentamente y me dio el jabón.

- Ay… mírate… el agua te está salpicando… estás todo mojado…

- Bueno... sí… dije dándome cuenta, pero por sobre todo tenía una vigorosa y llamativa erección.

- Ven… báñate conmigo… me dijo sonriendo y haciéndome un espacio para entrar.

Atónito por aquella audaz propuesta no atiné a reaccionar… claro que mientras la enjabonaba había fantaseado con esa idea ¿Quién no lo haría?… pero no que ella me lo propusiera.

- Vamos… ya dije que no te voy a morder… insistió juguetonamente jalándome de un brazo.

- Está bien…

Me quite el short, la playera, mi endurecida verga apuntaba mi camino… tenía la estúpida esperanza de que el agua fría de la ducha terminara por someter esa rigidez…

- Ya vez… está mejor así… me dijo coquetamente.

Nuevamente me ofreció el jabón. Lo tomé y seguí enjabonando su espalda, mis manos guiadas por mi morbo, pasaron por debajo de sus brazos, hasta sus senos… se endurecieron… me acerqué casi abrazándola por detrás, mí endurecida verga se desvió en su espalda… sentí su respiración agitada, luego visiblemente excitada me dijo:

- No, ahí no… continúa en la espalda… más abajo… me pidió.

Seguí su sugerencia, a estas alturas ni saliendo agua helada de la ducha se iba a poder amainar mi erección. No me cohibí de mirar sus voluminosas nalgas, ahora las tocaba con más libertad, tanto que ella se estremeció, me hizo soltar nuevamente el jabón.

Otra vez me acerqué a Mili, pensando que ya no tenía sentido enjabonarla, quería lubricar sus intimidades. La abrace por detrás, no me rechazo. Aun de espaldas, volvió un poco el rostro para verme, me besó con ansiedad desde su incómoda posición, yo le acaricié sus hinchados senos. Sintió nuevamente mi verga en su espalda, era evidente que quería sentirla en otro lado… más abajo.

- No te preocupes, yo lo recojo… me dijo en clara alusión al jabón.

Intuía lo que se venía, aquella sugerente maniobra que tiró al suelo mi moral, que mandó de vacaciones a mi conciencia. Me alejé para darle espacio a su provocativo accionar.

Aquella seductora inclinación ponía fuera de combate a cualquier atisbo de remordimiento. La aprecie desde sus bien formadas pantorrillas, sus carnosos muslos, sus abultadas pero firmes nalgas… no había marcha atrás, solo hacia delante.

Sin pensarlo, la tomé de la cintura. Ella sabía lo que se venía así que dejó de lado la absurda búsqueda del jabón. Así, inclinada abrió más las piernas y sus manos se apoyaron en los bordes de la ducha. Estaba lista para soportar mi incursión.

Apunté mi verga hacia su ano, que impacientemente latía. Empujé, su esfínter se abría plácidamente mientras ella temblaba de placer…

- Ohhhh…síííí…

Seguí empujando, notando como ella tercamente resistía desde su posición, no retrocedía. Continué empujando sin avanzar mucho… hasta aquí me lo permite su estrechez… a partir de aquí necesitamos ayuda… pensé.

Al lado mío había un pequeño altillo con champú y esos aceites especiales para jacuzzis, tomé el que me pareció más jabonoso y lo unté en nuestros genitales…

- No me digas que ya… gimió a manera de protesta, pensando que había eyaculado precozmente.

- No, es solo un poco de ayuda… le dije.

Sentí que emitía un suspiro de alivio, quería acallar ese cosquilleo en su interior. Al percatarse de mi nueva arremetida, un temblorcillo recorrió su columna, sintiendo dicho líquido escurrirse, lubricar su estrecho agujero. Sabía que ahora sí mi verga le iba a entrar hasta la raíz…

- Sííí, ahora síííí… pidió ansiosa.

Así fue, sin mayor oposición de su arrugado anillo le fui insertando toda mi tiesa verga. Una vez que la tuvo toda dentro arqueó la espalda, su cuerpo se contrajo saboreando ese empalamiento.

Su goloso ano latía en mi pene, degustando su dureza, comiéndose cada centímetro de su rígida musculatura.

- Ayyy que placerrr… exclamó agradecida.

No tuvo que decir más, inicié mi cabalgata, alejando y atrayendo su abultado trasero. Imponía mí ritmo con mis manos sujetando su estrecha cintura. Al parecer ella sintió que no era suficiente para sus apetitos, que la gentileza de mis suaves y armónicos movimientos no estaban acallando su picazón.

- Más… más… mételo mááássss… más duro… pidió lujuriosa.

Incrementé mis arremetidas, con el agua bañándonos el sonido de sus nalgas rebotando en mi ingle era cada vez más fuerte.

- Plosh… ploshhh...

Al parecer le encantaba el eco que esto producía en mi ducha, el morbo la invadía, sus gemidos se mezclaban con estos sonidos.

- Ahhh… ahhhh… ahhh…

Ya no tenía que sujetarla de la cintura, con una mano sobre su espalda la guiaba, ella misma iba y venía con mayor rapidez, encontrándose siempre con mi recia respuesta que la alejaba, obligándola a empujar nuevamente su prominente trasero contra mi ingle. Me deleitaba viendo su cuerpo estremecerse, sus nalgas temblar con cada penetración, escuchando sus gemidos y pedidos, casi ruegos:

- Asííí… asíííí… más fuerteee… pedía enloquecida de placer.

Hasta que sintió que su posición era incómoda; agachada, con sus manos aferradas a los bordes de la ducha. Mi ímpetu la había hecho avanzar, su cabeza casi chocaba con la pared. Entonces, conocedora de que no faltaba mucho para su orgasmo, decidió disfrutarlo en una mejor posición, que le permitiera profundizar estas emociones.

Se levantó un poco, arqueando la espalda, sus brazos ahora se apoyaban en las manecillas de la ducha (aquellas que controlan el agua). Abrió más las piernas, para que también sus redondas nalgas se abrieran y me permitieran castigar su ano con mayor vehemencia.

Mi verga ahora entraba hasta la raíz, solo faltaba que le insertara mis testículos…

- Sííí… siíí… asííí… Danny asíííí… Ohhh… ahhh… ahhh…

No sabía si yo la estaba usando para satisfacer el apetito sexual que su cuerpo me despertaba, para colmar mis instintos carnales, o si ella me estaba usando para acallar los suyos, para vengarse de Javier y su desinterés por ella, o para vengarse de mí, para probarme que no podía resistirme a sus atributos… invadido por estos sentimientos comencé a cabalgarla con furia… la estaba partiendo y ella lo estaba sintiendo…

- No tan fuerte… Nooo… ahhh... uhmmm… ahhhh...

Me aferré a su cintura, atrayéndola hacia mí lo más que pude, sus deliciosas nalgas también se abrieron lo más que pudieron. Toda mi rabia se fue disipando a medida que mi verga expulsaba su blanquecino líquido. Este torrente la llenó completamente, aluciné que mi leche saldría por el otro lado, por su boca… boca que mantenía abierta, su cuerpo en extremo rigor saboreaba este nuevo orgasmo.

- Uhmmmmm….

Sus manos en violento espasmo se aferraban a las manijas del agua, con cada borbotón de esperma, su columna se contraía. Hasta que un temblorcillo final indicaba que ya había pasado, su cuerpo lo había disfrutado, y ahora exhausto no podía mantenerse en pie.

Intentó apoyarse en las manillas, pero estas cedieron, su mano resbaló, haciendo girar la llave del agua caliente…

- Auuu... exclamó adolorida al sentir el agua quemándola.

Quizás era una señal, un aviso de que merecíamos arder en el infierno por nuestras continuas infidelidades… por nuestra deslealtad hacia nuestras parejas formales…

La jalé hacia mí con mi verga semidura aun dentro suyo, fue algo doloroso a lo que no presté mayor atención, puesto que el agua caliente también me estaba salpicando.

Nos refugiamos en el otro extremo de la ducha. Sólo entonces pude desencajarle mi maltrecha y adolorida verga.

- Lo siento… me dijo cariñosamente.

- Yo no… le dije.

Entendiendo que no me arrepentía de aquel placentero encuentro, Mili me dio un jugoso beso. Luego me abrazó, apoyando su cuerpo desnudo y mojado contra el mío.

El agua seguía corriendo y yo no podía luchar contra la corriente… Estaba perdido, lo había intentado, pero había fracasado clamorosamente… era obvio que no podía resistirme a ella…


Ref.: Por AdrianReload - TodoRelatos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Rompiéndole el culo a Mili (18)

Rompiéndole el culo a Mili (17)

Rompiéndole el culo a Mili (16)